2 croquetas con mascarpone
Las croquetas son una de las cosas más versátiles que pueden hacerse en la cocina. Es casi imposible imaginarse algo que no pueda convertirse en croquetas. Las hay de pescado, marisco, carne, verduras, queso… Puedes encontrar croquetas dulces y también croquetas saladas y hasta en algunos lugares las ponen como postre con alternativas muy divertidas. Todo, todo, es susceptible de formar parte de una receta de croquetas.
Y el queso mascarpone pasteurizado no podía ser una excepción. Para todos aquellos que creen que el mascarpone solo sirve para hacer tiramisú, aquí van dos ideas de croquetas en las que se emplea este tipo de queso y con las que te vas a chupar los dedos.
La primera de estas rectas es la de croquetas de salmón con mascarpone. Tienes que comenzar preparando una bechamel de la forma en la que acostumbras a hacerlo, ya sea en la sartén, forma tradicional o con un robot de cocina.
Nosotros te proponemos que pongas en la sartén un chorrito de aceite, piques cebolla muy menuda y la hagas a fuego lento hasta que poche. Una vez hecho esto añade cuatro cucharadas soperas de harina y dale un par de vueltas para que se empañe del aceite y el sabor. Cuando veas que se ha cocinado ya, comienza a añadir despacio leche, unos tres cuartos de litro aproximadamente. Hazlo despacio y sin dejar de mover, se trata de ir integrando todo sin que la harina sepa a “crudo”. Añade a continuación una cucharada de mantequilla, nuez moscada, el queso (media tarrina o incluso una entera si te gusta intenso) y el salmón ahumado (unos 150 gramos) muy picado. Cuando todo esté integrado prueba a ver cómo va de sal y añade si es necesario. Sabrás que está hecho cuando todo esté espeso y ya no se pegue en la sartén. Si ves que no acaba de espesar, tal vez necesiten algo más de harina. Por el contrario, si espesa demasiado rápido y el sabor no es óptimo, añade algo de leche.
Deja reposar al menos dos o tres horas la masa. Lo mejor es dejarla toda la noche. Al día siguiente dale forma a las croquetas, pásalas por pan rallado y huevo y fríelas.
La segunda receta es una variación de esta primera, pero en lugar de salmón debes de añadir espinacas cocidas. Un frasco de los de cristal es suficiente. La elaboración es exactamente la misma que la anterior.