Mi experiencia docente en A Coruña
El despertador sonó mucho antes de lo habitual, pero la ocasión lo merecía. Dejar temporalmente atrás la rutina de la agencia en Vigo para poner rumbo al norte, conduciendo por la AP-9 con las primeras luces del alba, siempre tiene un componente estimulante. Mi destino no era una auditoría técnica ni una tensa reunión con un cliente, sino un aula en un centro de formación profesional A Coruña. Iba a cambiar, por unas horas, las pantallas llenas de gráficas y analíticas por el encerado y el proyector.
Al cruzar las puertas del centro, el bullicio de los pasillos me devolvió de golpe a mis propios años de aprendizaje. Frente a mí, en el aula, tenía a una veintena de alumnos del ciclo superior. Rostros jóvenes, algunos con la mirada cargada de curiosidad y otros aún peleando contra el sueño de la primera hora. Mi objetivo allí era claro: intentar condensar más de veinte años de experiencia en las trincheras del SEO y del marketing digital en conocimientos que pudieran absorber y, sobre todo, aplicar de manera inmediata.
En la Formación Profesional se respira un pragmatismo que me fascina y con el que me siento muy identificado. No hay tiempo para divagaciones puramente académicas; el alumnado quiere y necesita saber cómo funciona el mercado real. Cuando encendí el proyector y abrí directamente las herramientas que usamos a diario en el sector, noté cómo la energía de la clase cambiaba por completo. Dejamos a un lado los conceptos abstractos y nos metimos en el barro. Les hablé de lo que significa realmente pelear por la visibilidad hoy en día, de cómo una arquitectura web sólida sostiene un negocio y de la adrenalina (y el estrés) que supone un cambio repentino en el algoritmo de búsqueda.
Hubo un momento particular en el que sentí que habíamos conectado de verdad. Estábamos analizando casos prácticos, desgranando la intención de búsqueda detrás de diferentes consultas, y un alumno levantó la mano para hacer una pregunta increíblemente aguda sobre la conversión de los usuarios. Ver esa chispa, ese instante en el que comprenden que detrás de cada clic hay una persona, una estrategia y una rentabilidad, es la verdadera recompensa de dar clase. De repente, ya no eran solo estudiantes tomando apuntes; estaban pensando como verdaderos consultores.
Al terminar la sesión, mientras recogía el portátil, varios se acercaron para preguntar sobre la realidad del día a día liderando una agencia digital y cómo dar sus primeros pasos profesionales. Traté de ser honesto, sin endulzar la carga de trabajo, pero transmitiendo la pasión intacta que sigo sintiendo por este sector.
El viaje de vuelta hacia el sur se me hizo mucho más corto. Mientras el paisaje gallego desfilaba por la ventanilla, pensaba en que salir de nuestra propia burbuja técnica para explicar lo que hacemos nos obliga a ordenar las ideas y nos ayuda a redescubrir el valor de nuestra profesión. Enseñar en A Coruña fue un gran recordatorio: el conocimiento, exactamente igual que el tráfico orgánico, solo despliega todo su potencial cuando fluye y llega a las personas adecuadas.